martes, 18 de abril de 2017

La otra Penelopea


A ella jamás se le vio detrás de la ventana con el tejido de la espera sobre el regazo,  celebraba con vino y carne asada, brindando con sus recuerdos de mañana.

Imagen de @reddwalitzki

martes, 21 de marzo de 2017

Dar de comer al hambriento


En recuerdo del tío Tarcisio, papá de mis primos García Soto

A tío Chicho se le ve por el mercado con una bolsa de mandado en cada mano. Los dependientes de los puestos lo saludan con familiaridad porque seguro tienen un aparato electrónico o una máquina de escribir que tío Chicho reparó alguna vez, y le ofrecen sus mejores chiles, cilantro, jitomates, cebollas. Como también es administrador de la Unión Ganadera local, eso le asegura a la familia de tío Chicho barbacoa y montalayo de primera; las carnitas y el chicharrón más frescos; los bistecs y las costillas más suaves. Fruta de temporada, jugos de naranja y de zanahoria, tortillas y semitas, dulce de membrillo y gelatinas con rompope completan el mandado.
Es por todo eso que a media mañana los sobrinos, hermanos y cuñadas de tío Chicho se aparecen sorpresivamente por la casa. Entre saludos y bostezos, Lalín sepulta el trozo de barbacoa en sus dos tortillas con salsa pico de gallo. «¡Uta, pica un chingo!», se queja el Gabo Gordo,  y pide a Toni que le sirva un vaso de jugo de naranja. A eso de la una de la tarde el lugar comienza a vaciarse. La última en dejar el comedor es tía Trini, que muy seria le dice a su esposo que no deje remojar tanto los trastes, porque se apestan.
—¡Y apúrate a ir al mercado, Chicho, que ya casi es hora de comer!


Las metamorfosis de Diana (Fábulas para leer en el naufragio), Lagarta azul, 2015.

martes, 24 de enero de 2017

Juicio



A donde quiera que voy, oigo  decir a la gente que bajo la capucha del verdugo se oculta el rostro de un hombre triste y atormentado por sus actos. Nada más lejos de la realidad: por las noches, cuando me despojo de la máscara, sólo veo a mi propio verdugo, que aguarda paciente.

lunes, 20 de junio de 2016

Equipaje


Cerraron mis maletas; te vas, me dijeron. Un segundo después ya añoraba la vida como la había conocido hasta entonces. Si de mí dependiera, querría seguir aquí por siempre, pensaba. En cuanto estuve solo, cerré los ojos y acomodé mi cuerpo al espacio cada vez más estrecho de un lugar que ya no era el mío.


lunes, 18 de abril de 2016

Palabras de una amiga a Las metamorfosis de Diana

Querido Manolo:

Como ya estarás imaginando, he leído tu libro varias veces. Porque es un placer.

Para hacerle justicia a Las metamorfosis de Diana debiera escribir a mi vez otro  libro, a la par del tuyo, comentando micro por micro. De modo que me ceñiré a los que juzgo IMPRESCINDIBLES, así, con mayúsculas.

“Prefacio” me conmocionó, “dio en la diana” de mis emociones. Y aunque suene presuntuoso me animo a anticipar que dará siempre en el centro de los sentimientos de cada lector. ¿Acaso hay un adulto que no haya experimentado el horror de la secuencia tormenta – caos – silencio – rutina implacable?

“Después del naufragio”, además de estar escrito de un modo impecable, me deja un regusto amargamente familiar: la caja de la rutina que mencionaba en el párrafo anterior. Sin importar que estemos o no conscientes de ella; o cuántas tormentas hayamos pasado, de qué intensidad o duración.

Enorme acierto abrir el libro con estos dos micros, amigo.

El resto de la primera parte se lee con sonrisa doble: muy buenos micros escritos con una intención lúdica. Con intención lúdica te respondo que “El burrito que no quería estudiar” parece escrito por un argentino.

Cerrar con “Génesis” es otra de las genialidades que regalás con tu libro.

La segunda y tercera parte son mis favoritas. Me gustaría haber escrito esos micros, por suerte un amigo ya lo hizo por mí.

De todos modos quisiera destacar la belleza de “La última musa”, la melancolía de “Despojos”,  la agudeza de “Ruptura”, la picardía de “Las tentaciones de Penelopea”… y así podría seguir hasta el fin. Si no lo hago es porque creo que ya establecí mi punto.

De “Los círculos del Paraíso” me bastará decir que “Génesis según…” es una exquisitez. “Inmemoriam” y “Los círculos del Paraíso”, hiperbreves que debieran dictarse en las escuelas para que los estudiantes tomen consciencia de lo profundo que puede llegar a ser el mundo del microrrelato en manos de un buen escritor. “Despejando dudas” es un canto a la imaginación (pero eso vos ya lo sabés, no por nada se lo dedicás a Camila Ixchel). No quiero despedirme de esta tercera parte sin  aludir a “Desembarco”, una emoción de micro que fue el que elegiste para la antología de Talentura. ¿Cómo olvidarlo?

Y como para ser estas palabras nada más que unas líneas breves y humildes  ya me estoy excediendo demasiado, no quiero despedirme sin comentarte, una vez más, que “Pasos” es uno de los mejores micros que haya leído jamás. Si Miguel Ángel sacó del mármol todo lo que no era Moisés, vos tomaste una novela y extrajiste todo lo que no era una obra de arte, y te quedó esta joya.

Mi enhorabuena por este nuevo libro. Y un gracias grandote y redondo como un sol por tu gesto tan generoso, de extrema confianza: enviarme el borrador de un libro que está por salir a imprenta. Me siento muy honrada.

Cariñosamente

Patricia