viernes, 27 de diciembre de 2013

La esposa del chef


Para Olivia, quince años después, y los que falten

Antes de correr al trabajo, pregunto a mi mujer qué quiere para almorzar hoy.
“Lo que haya”, responde inexpresiva.
Entre el mar de recuerdos, se hace un silencio que exaspera.
Al final, tras no llegar a ningún acuerdo, le sirvo de almorzar lo que haya y una taza de café negro recién hecho, como cada mañana desde el accidente, hace quince años.

martes, 3 de diciembre de 2013

Estación Indios Verde



Estación Indios Verdes Hubo un tiempo que la sola mención de sus nombres llamaba a reverencia, estremecía: Izcóatl y Ahuízotl, Serpiente de obsidiana y Perro de agua, cuarto y octavo tlatoque mexicas. Siglos después, en una época ajena, estatuas errabundas por la ciudad que un día construyeron, el verde que recubre el bronce de sus cuerpos les da nombre, raza, religión y nueva historia.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Un cangrejo por el retrovisor


Bastaba ver sus caras constreñidas para darse cuenta que mis palabras no habían caído nada bien. En solidaridad con ellos, me pregunté cuál habría sido mi reacción de encontrarme en su situación; seguramente la misma, o quizás peor. Pero me repuse de inmediato y endurecí el semblante —aunque no tanto, no quería parecer desalmado—, para dejar en claro que no se trataba de una decisión personal, como ellos creían, sino resultado de las circunstancias. No hacía mucho tiempo pasé por una situación similar, sólo que en aquella ocasión la abuela no se anduvo con medias tintas, y me espetó: “¿Entonces para qué tiene mi nieto un médico privado si no va estar disponible cuando se lo necesite?”. Pude contestarle mil cosas o quedarme callado, pero busqué la forma de explicar a la afligida y compungida mujer que no se trataba de mí o de mi capacidad profesional, sino de la gravedad de la enfermedad que aquejaba al chiquillo. Me acordé de varios médicos conocidos —algunos de ellos amigos míos— con los que no compartía su ética profesional: a sabiendas de que ya nada podían ofrecer a un enfermo desahuciado, hablaban a la familia con palabras tan bonitas, que  casi siempre la muerte era más que bienvenida, aun en errores descarados. Por ejemplo, recuerdo aquella vez que uno de ellos...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Fábula


La minificción debe entenderse como la fábula del águila que sujeta con sus garras a una tortuga, donde tú eres la tortuga que disfruta del vuelo, emocionada; el vértigo de la caída en picada te toma por sorpresa, pero te mantienes estoico hasta el final, con la esperanza de que algo favorable suceda antes de que te estrelles contra el piso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La puerta



Vivía de sueños y deseos discretamente hurtados a la noche. Al final de su jornada diaria, cerraba los ojos con la presteza de quien acude a una cita inconmutable. Pero antes de entregarse al sueño, tomaba del estante un libro al azar. No usaba su lectura como vehículo para conciliar el sueño —como acostumbran muchos—, sino a la manera que haría el escenógrafo para la puesta en escena. Tampoco se trataba de soñar lo leído, era consciente de que un libro —por más antiguo que sea— es una máquina del tiempo de última generación, la hierba roja de todos los boris vianes, aunque muchas veces quisiéramos no recordarlo.

Imagen tomada de la red

miércoles, 23 de octubre de 2013

Dos historias sobre el nacimiento de mi hija Ireri Alejandra


Creación

No sé en qué momento abandonaste la comodidad del vientre materno. Cuando abrí los ojos, pendías de una viga del trecho, al interior de una crisálida gigante. Tras el útero de tela, tu cuerpo diminuto, enjuto, enroscado, parecía ajeno a su entorno. Me crucé de brazos y me dispuse a esperar con ansia tu primer movimiento: una patadita, un guiño. Nada. Tras tu piel una película casi transparentese podía ver el entramado de la red vascular, y en su interior el ir y venir de la sangre, siempre en movimiento. Un circuito de sangre roja, por acá; un circuito de sangre azul, por allá. Pero ¿tu cuerpo en qué flotaba? Yacía inmóvil en el aire de la bolsa; no había ni una gota del antiguo mar amniótico. ¡Eso no es posible!, me dije. Para mi tranquilidad, descubrí en el suelo un cazo de cobre lleno de aquella agua de vida, ascendiendo vaporosa hasta las medianías de tu cuerpo. No cabe duda, pensé, que ésta es una nueva forma de creación. Y el sueño se fue haciendo más profundo, diluyéndose de la memoria.


13-14 julio 1991, León, Gto.


Castigo divino

para mi hija Ireri Alejandra,
en su nacimiento;
para  pedro josé delgado,
anestesiólogo,
que finalmente sabe el origen de
su profesión.



Cuando Dios juró por sí mismo que la mujer ¾al  comer del fruto prohibido y arrastrar al hombre en su desobediencia¾ estaba condenada a sufrir para siempre con los dolores del parto, el Ángel Oscuro escuchó con preocupación la terrible sentencia. Por años, la dulce victoria inicial en el Paraíso se convirtió en un triunfo amargo que le agriaba aún más su irascible carácter. Entonces, como ahora, la rivalidad entre Creador y Maligno no tenía límite. Por eso éste buscaba a toda costa la manera de revertir su derrota, y fastidiar a su rival.
¾Además ¾pensaba¾, no es justo que aquella que confió en mí ciegamente, quede a la deriva de la ira del Divino Castigador.
Hasta llegó a creer que la única solución al problema era vitar el embarazo, y exigió a los médicos avernianos que aceleraran sus investigaciones. Éstos respondieron con los más novedosos e ingeniosos métodos de anticoncepción (que miles de siglos después serían pomposamente llamados métodos de planificación familiar). El condón, la píldora, los óvulos, la jalea y el diafragma, fueron algunos de los más significativos. Destacaba entre todos la propuesta de un visionario que se atrevió a ofrecer la ligadura y sección de las tubas uterinas. Pero la alegría inicial no tardó en desaparecer al comprobarse que estos métodos no eran 100% seguros, a más de provocar con su ataque a la natalidad un sensible decremento en el número de candidatos a engrosar las huestes infernales. De nueva cuenta, las quejas de las mujeres parturientas sumió al Demonio en terribles depresiones.
            Cierto día, un diablillo menor se presentó ante el Gran Maligno, y después de prolongadas caravanas y más largos titubeos, le dijo:
¾Mi Gran Señor, enterado de la pena que le acosa, y después de meditados pensamientos, he concluido que si el problema de la natalidad no puede solucionarse sin grave deterioro en nuestras filas, el problema a resolver es, desde luego, el dolor que el parto en provoca. Por lo tanto, Maestro, lo que debemos hacer es inhibir (o evitar) el dolor, que es la esencia del Castigo Divino, del que tanto se enorgullece el Señor de Allá Arriba. ¿Por qué no dejar que el parto siga su curso y la mujer para, pero ya sin los dolores?
Y a continuación, el diablillo menor dio al Maligno una cátedra de la visionaria medicina que había desarrollado, enunciando técnicas y efectivos medicamentos de última generación. Los resultados lo satisficieron de grata manera que dio la orden de poner en práctica aquellas enseñanzas y fundar escuelas de médicos anestesiólogos, que tantos momentos amargos han hecho pasar al Gran Dios.


23 octubre 1991. Mientras la mano derecha escribía esta historia, la mano izquierda se multiplicaba para escuchar y consolar a Olivia que, después de casi doce horas de trabajo de parto inducido -y fallido-, pedía a gritos la presencia de un anestesiólogo y un ginecólogo que pusieran fin a su tormento. Muy tarde nos dimos cuenta que, por ser día del médico, yo era él único "galeno" -y futuro padre- que estaba en el servicio.

Textos tomados de Cuentos para leer en clase.

martes, 15 de octubre de 2013

Veda


―¡No dispares! ―gritó asustado al ver el arma apuntándole.
El disparo ahogó su voz, y el plomo desgarró su carne.
No supo más. Era otra víctima del cazador furtivo que, a últimas fechas, azolaba el Paraíso.

viernes, 4 de octubre de 2013

Mi juguete favorito



Cuando era niño, los chicos de la cuadra gustaban de jugar del lado que yo estaba: si yo era policía, ellos querían ser policías; si prefería ser malvado, ellos también eran malvados. Tal era el encanto y el respeto que sentían por el revólver de mi primo Juan, con el que había matado ya tres perros.


Imagen tomada de la red.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Dos minis del "Terremoto del 85"



I Retorno*

He vuelto a la ciudad después de tantos años. El terremoto del ‘85 pudo más que mi débil resistencia. Media mañana hurgando entre los escombros fue todo lo que pude soportar, después me encerré en mi apartamento hasta que la voz de Ángeles me sacó del ensimismamiento. Manuel, no puedo más, me voy, se lamentó. Hicimos un amor desolado y triste, huérfano del deseo de otros tiempos. Esa noche eché llave al apartamento y salí dispuesto a no volver jamás.


Estación Tlatelolco**

El segundo terremoto me encontró en la cama con Ángeles. Después de haber visto colapsar la torre de ginecología del Hospital General, cualquier cosa podía pasar. Si alguna vez estuve preparado para morir, fue entonces. Solo las lágrimas de mi novia, muerta el día anterior, amargaron un poco lo especial de aquel momento.


*De La mañana que salí a comprar cigarros
**De Línea 3: Indios Verdes-Universidad

sábado, 14 de septiembre de 2013

Acto de malabarismo


El chiquillo —la cara pintada, nariz roja, cuatro pelotas en las manos— espera el cambio de luz del semáforo y salta al arroyo de autos, aún en movimiento. Cuando arroja al aire la primera pelota, el tiempo se detiene. Por un momento creo que somos gránulos de arena en un desierto imaginario, aguardando a que alguien nos piense. 

Imagen tomada de la red

miércoles, 4 de septiembre de 2013

sábado, 24 de agosto de 2013

Tirones


Las palabras son nudos en la punta del cabello por el que su madre pasa un peine estrecho y tira, tira, sin importar sus gestos, primero, luego sus reproches, y al final sus lágrimas; le dice que ser mujer tiene su precio, y consecuencias, que la vida es muy cabrona y para sobrevivir debe aprender a cepillarse bien el pelo y guardar las palabras, que solo son como nudos.

Imagen tomada de la red

jueves, 15 de agosto de 2013

Jubilación


Finalmente llegó el ansiado día. Después de hacer rodar una última cabeza, el verdugo se despojó de su capucha. 
      Debajo no había nada.


Imagen tomada de la red

jueves, 8 de agosto de 2013

Prueba de amor


Las inseguridades de mi mujer amenazaban con destruir nuestro matrimonio. Después de largos e infructuosos sermones, el confesor de la familia aventó la toalla y nos sugirió buscar ayuda "más terrenal". Mi cuñado Jack nos recomendó a su terapeuta, el cual se aprestó a explicarnos la base de su tratamiento: "Amputarse una pierna o un brazo nunca falla", dijo con una naturalidad espectral y macabra que a mí me dio mucha confianza. "Aunque eso tampoco me asegura que mi marido no se iría de cusco saltando como chapulín”, renegó decepcionada mi esposa; “pero algo es algo”. Por la segunda pierna, Mariana me ofreció una sonrisita satisfecha, pero su labilidad emocional pronto exigió un brazo, luego una oreja, un ojo, el sexo… Hoy, nuestra relación de pareja es estable, y yo soy este adefesio de amor que ella exhibe con orgullo a sus constantes visitas.


Imagen tomada de la red.


viernes, 26 de julio de 2013

Ave fénix


Por fin se decidió a abrir el arcón donde por años fue guardando las cartas y recuerdos que le dejaron los amores pasajeros. Mientras las llamas cobraban fuerza y arrasaban con las sobras del pasado, una onda gélida invadía su pecho.


Imagen tomada de la red.


martes, 16 de julio de 2013

Agonía


Cuando la abuela dijo no quiero ser más una carga para ti, la estrecha relación entre nosotros se cimbró. Días después, ella murió en la paz que corresponde a los viejos que lo han vivido todo, y yo comencé esta pesadilla de la que ya quisiera despertar.

Imagen tomada de la red.

sábado, 6 de julio de 2013

Fans literaria


Cenaba en compañía de mi mujer y de un pequeño grupo de amigos en un restaurante de comida italiana del centro de la ciudad. De pronto, se acercó a nuestra mesa una mujer quien, muy emocionada, se deshizo en disculpas por no traer en ese momento uno de mis libros para que se lo dedicara. Pero puede hacerlo aquí… La lectora se descubrió un generoso y bien formado pecho izquierdo que, entre vapores de vino tinto argentino y rebanadas de pizza Margarita, me hicieron sentir rockstar. “Anda, Romeo, complace a la dama”, dijo la voz de mi mujer, a mi lado. Anticipando una escena de esas que bien le conocía, obedecí. “Me he dado cuenta que de un tiempo a la fecha, su obra aborda con mayor frecuencia temas de índole erótico, y déjeme decirle que lo hace magistralmente”, agradeció la desconocida, acomodándose el brasier y el vestido. “Cuando la fantasía consigue hacer de una mediocre realidad una obra de arte, estamos, no lo dude, en presencia de un genio”, concluyó mi mujer, volviendo a su lasaña.


Imagen de Ernest Decals: Arte erótico-Mujer-Retrato-Senos.

jueves, 20 de junio de 2013

lunes, 27 de mayo de 2013

La vaca y la tortuga



Luego de vencer al pélida Aquiles y a la liebre, la tortuga retaba a quien se le pusiera enfrente. Así llegó el turno a la vaca lechera. "Desde luego que competiremos", dijo ésta; "pero después de que descargues tus treinta litros de leche. No quiero parecer ventajosa".


Imagen tomada de la red

jueves, 16 de mayo de 2013

Los años de experiencia



La mujer comenzó a llorar, inconsolable.
—A mi esposo lo despidieron de su trabajo y están por quitarnos la seguridad social. ¡Écheme la mano!
El médico respiró profundo. Por su cabeza comenzaron a desfilar —como por una pantalla de cine— aquellos sus primeros años de práctica, cuando la inexperiencia y un  utópico “complejo de madre Teresa de Calcuta” lo llevaban a brincarse cualquier norma. Podía volver en el tiempo y aconsejar a la mujer para que se presentara al servicio de emergencias del hospital y fingiera que el dolor de la hernia la estaba matando; entonces, el médico de guardia lo llamaría para que hiciera la valoración correspondiente y él podría operarla en horas, ahorrándole una espera de meses.
Sin embargo, la última vez que hizo algo parecido, la inconformidad de un familiar influyente lo hizo pasar muy malos ratos. Y aunque ganó el caso, por meses le fue imposible salir a la calle sin imaginar que cada patrulla que se cruzaba en su camino traía una orden de aprensión en su contra.
—Lo siento mucho señora, no está en mis manos; tiene que seguir los procedimientos establecidos, como todos los demás —se escuchó decir con la voz grave y firme que dan los años de experiencia.  
Además, se dijo mientras la enfermera tomaba el siguiente carnet, la jubilación está próxima y debo tener cuidado.

Este micro participa en la propuesta Primavera de Microrrelatos Indignados, organizada por los blogs La colina naranjaExplorando LiliputPliegos volantes y Relatos de andar por casa.


sábado, 4 de mayo de 2013

Definiciones




Para Gabriela y Valeria 

No hay un momento ideal para conocer el significado de la palabra muerte. Yo lo conocí siendo niño. Quizá cuando mis ojos infantiles contemplaron asustados aquel recién nacido “chupado por la bruja” (años después sabría que lo aplastaron sus padres mientras dormían) o cuando fui al velorio de un primo hermano del que, como único recuerdo, conservo su nombre (y la imagen de mi prima Tony en el tanque del agua, oportunamente rescatada por mi papá). Tal vez el día que mamá Kika, con lágrimas en los ojos, partió intempestivamente a visitar a sus padres a la ciudad de México; o cuando un niño de mi edad fue atropellado por un autobús de pasajeros Herrara de Plata. Sin embargo, serían las muertes de papá y la abuela las que despejaron cualquier duda que hubiera podido quedar. Muerte es muerte, no importan las circunstancias. Por eso me niego a nombrar al evento  de otra manera. Por ejemplo, en un intento por atenuar los recuerdos, no digo: antier se cumplieron dos años del deceso, la partida, el fallecimiento, el paso a mejor vida… —y cuantas acepciones existan— de Tony y Gaby. ¡Sí, ya hace dos años que murieron! El tiempo lleva prisa. 
     Con mi prima Maria Antonieta compartí mis primeros juegos, a veces la defendí de algunas niñas agresivas que se aprovechaban de su carácter más o menos tranquilo y, cuando adolescentes, fuimos cómplices y celestinos; con ella podía hablar tranquilamente de mis novias sin que tratara de elegir a la que me "convenía". Aunque tenía la impresión de que yo era algo mujeriego, accedió a hablarles bien de mí a un par de sus amigas que me gustaban. Años después, fue mi dentista. De mi amigo Gabriel diré que estudiamos juntos la escuela primaria, que desde entonces era muy trabajador y lo bromeábamos por ello: mientras nosotros nos divertíamos jugando después de clase, él debía ayudar a su familia en la granja que tenía en las inmediaciones del pueblo (algunas veces jugamos a ayudarle a trabajar); era rudo, pero noble, y me "apadrinó" en varias peleas que tuve con niños de otros grupos o escuelas. Después yo me vine a Ciudad de México a estudiar y ellos se fueron a Morelia. 
      Hay una historia que solo Gaby, Tony, Olivia y yo sabíamos. Cuando Tony y Gaby se casaron, yo estudiaba el primer año de pediatría en un hospital de León, Guanajuato. Mis guardias eran A-B: un día sí y otro no, a excepción de jueves y viernes y fines de semana, que se modificaban a AA y BB: cuarenta y ocho horas de trabajo por el mismo tiempo de descanso. Una friega en todo el sentido de la palabra. Además, la relación con mi compañero residente era de la chingada, no nos podíamos ver ni en pintura y, el fin de semana de la boda me correspondía a mí la guardia. Imposible que me autorizaran a faltar esos días. La única manera de conseguirlo, me dijo un médico de urgencias, es por incapacidad laboral. Estuve de acuerdo y valoré las posibilidades: una torcedura, un hueso roto, provocar una riña en una cantina, un dolor abdominal inexistente..: Ni pensar en pedir un justificante médico a mi tío José... Estrellé con cuidado un vaso de vidrio, metí la mano en él y comencé a lavarlo… El accidente me costó cuatro puntadas en la base del dedo índice de la mano derecha, seguramente varias mentadas de madre por parte de Muñoz —el otro residente de pediatría— y un fin de semana de cuatro días para ir con Olivia a la boda. Cuando conté a Tony y Gaby lo sucedido no se rieron, se me quedaron viendo detenidamente, como dándole vueltas a una idea. Al final Tony tomó la palabra y dijo lo que ambos pensaban: Estás bien loco, pero que bueno que viniste.


Imagen de Marce Garciaa Silvaa

martes, 23 de abril de 2013

Aprendiz de hechicero*



Mientras espero que mamá salga de su visita al médico, un artículo de una revista trae a mi memoria un suceso que tenía olvidado. Tendría seis o siete años cuando acompañé a mamá al funeral de tío Arnulfo, su hermano mayor. Mientras la gente rezaba por el eterno descanso de su alma, yo preferí darme una vuelta por la vieja y misteriosa casona. Era conocida la afición del difunto por los gatos de angora, pero sobre todo por las máscaras de diablos que coleccionaba por montones, que no quise negarme la oportunidad de verlas de cerca y quizá llevarme alguna.
De vuelta al velorio, aproveché el receso de los rezanderos y plañideras para hacer mi entrada triunfal en la sala recitando un conjuro que había leído en Las aventuras de Tom Sawyer: “Diablo sigue al muerto; gato, sigue al diablo; verruga, sigue al muer…”. Una bofetada de mamá me hizo guardar silencio, impidiéndome con ello comprobar los resultados de aquella fórmula mágica, con que la quería obsequiar.
Hoy, cuarenta años después de aquel bochornoso suceso, mamá decidió visitar al cirujano plástico: la enorme verruga sobre su ceja derecha parece una coliflor a punto de estallar.


*Un breve homenaje a ese mi primer libro que leí: Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, regalo de mi hermano Javier.

jueves, 18 de abril de 2013

Verdades a medias



I
A su corta edad, Alan creía que la vida era como en el cine, que las balas de salva solo matan a actores como Brandon Lee. En cierta forma, Alan tenía razón: lo confirmó aquella madrugada cuando enfrentó a la policía.

II
El policía desenfundó y disparó sin pensar: en la academia le enseñaron que la vida no es una película, aunque a veces lo parezca.

III
La moraleja de la historia no fue encontrada en la escena del crimen. No se sabe si Alan tuvo tiempo de llevársela consigo; hay, sin embargo, quien señala que la hurtaron los socorristas de la Cruz Roja; en cuanto a sospechar de la policía, no sé si aquella le pudiera servir de algo.


Este micro participa en la propuesta Primavera de Microrrelatos Indignados, organizada por los blogs La colina naranja, Explorando Liliput, Pliegos volantes y Relatos de andar por casa.

martes, 9 de abril de 2013

Alas de albatros



Nada como un poema de Charles Baudelaire para un albatros que lucha sobre la cubierta de un barco de pescadores. Oda, réquiem, panegírico. Una vez remontado el vuelo, ¿qué importan marineros y poetas?

Imagen tomada de la red.


lunes, 1 de abril de 2013

Ariadna, tiempo después



Enamorada de Teseo, le dio una espada y una madeja de hilo de seda. Hoy mientras duerme en una cama vacía, sueña con la casta y bravura de su medio hermano.


Imagen tomada de la red.

jueves, 21 de marzo de 2013

Nueva antropología



Hace años que en mi ciudad no existe fuerza policial. Si una persona siente el deseo irreprimible de delinquir, voluntariamente se recluye en una sala de lectura adaptada para el caso. Familiares y amigos, hermanas de la caridad y asociaciones no gubernamentales se encargan de atender sus necesidades. Una vez rehabilitado, al ciudadano ejemplar se le reinstala a su vida de siempre. Hasta que aparezca otra vez el funesto y denigrante deseo, propio de una especie hoy extinta de la que, por desgracia, no hemos podido desligarnos del todo.


Este micro participa en la propuesta Primavera de Microrrelatos Indignados, organizada por los blogs: La colina naranjaExplorando LilliputPliegos volantes y Relatos de andar por casa.


martes, 12 de marzo de 2013

A cada quien sus traumas o los dilemas existenciales de un escritor



El otro día durante el almuerzo, sin venir al caso, oí decir a mi hija: "Por ejemplo, yo nunca tuve el apoyo de un terapeuta". "Yo tampoco", respondí en automático. Mi hija se me quedó viendo mientras se acomodaba los anteojos, luego agregó: "¡Pero habrías de ver las cosas que escribes!". No tuve duda: no era mi chiquilla la que hablaba, sino la pasante de la licenciatura en Psicología.

Imagen de Ireri Alejandra O. S.: Autorretrato.

lunes, 4 de marzo de 2013

Última voluntad



El moribundo pidió una dotación de libros imprescindibles para el camino, así como la compañía de una mujer inteligente con quien comentarlos después de hacer el amor.


Imagen: Jesús De Perceval: El moribundo.



sábado, 23 de febrero de 2013

No estar en un laberinto*



—Doctor, a veces siento que no estoy aquí.
            El médico aparta la vista del cuadernillo de notas  y comprueba que, efectivamente, el diván está vacío. Pregunta a su secretaria por teléfono si vio salir a alguien del consultorio. La joven —que ignoraba que el doctor había llegado—, abre la puerta del despacho y comprueba que, como creía, allí no hay nadie. Dice consecuente:
            —¿Otra vez de bromista, doctor? —escucha voces en la recepción; agrega―: Creo que ya llegó su paciente.
            Cierra la puerta y sale.
            Desde su sitio al lado del diván, el psiquiatra vuelve a hojear sus notas.
            —… me decía…
            —… que a veces siento que no soy yo…
            —Siempre resulta complicado no ser nadie, señora —dice al vacío que rodea aquella oscuridad absoluta.

*I Antología Triple C, Macedonia, 2012.

viernes, 8 de febrero de 2013

In memoriam Augusto Monterroso



En una de sus últimas entrevistas, un periodista de cultura preguntó a don Augusto Monterroso cómo quería ser recordado. Como oveja negra, desde luego, aunque para los críticos siempre seré un dinosaurio. Al final no importa lo que tú y yo pensemos, no faltará el mono que diga que solo fui un camaleón.


Imagen tomada de la red.


domingo, 27 de enero de 2013

Un 27 de enero

Hace 48 años, una desorientada panzocigüeña sobrevolaba los techos de teja roja de una pequeña población, enclavada en el sureste guanajuatense. 

Abajo, al interior de una de las casas, después de algunos embarques extraviados, un matrimonio de campesinos había perdido toda esperanza de tener su segundo hijo. Más para tranquilidad propia, pidieron a un chiquillo de nueve años, morenito, pelo corto, cara traviesa, que saliera al patio y les avisara en cuanto viera llegar a la ansiada panzocigüeña. Visiblemente emocionado ante la posibilidad de un hermanito que le quitara los regaños, rezos y responsabilidades que lo agobiaban a su corta edad, el niño subió al techo de teja —aun a riesgo de su propia vida— e hizo señas a cuanto pajarraco pasaba por ahí. 

Después de algunas horas de búsqueda infructuosa, la agotada panzocigüeña se disponía a devolver a los cuneros celestiales su incómoda carga. Pero un último y definitivo intento la llevó a descubrir al niño que agitaba los brazos y gritaba como loco. Pobrecito, seguramente no tiene con quien jugar y subir al tejado le parece divertido, se dijo, y soltó su carga sin más. Con la satisfacción del deber cumplido, el cuervo disfrazado de panzocigüeña se perdió a contraluz de un sol grisáceo y deslavado. 

Al interior de una casa en la calle Hidalgo, después de unos minutos que parecían eternos, el atascado chillido del recién nacido devolvió a la vieja comadrona y a los asustados padres, la ilusión perdida. Pobres, no sabían que aquello apenas comenzaba.

viernes, 18 de enero de 2013

Camino a Tierra Santa



El alboroto fuera de su tienda hizo temer lo peor a Ricardo Corazón de León: aprovechando el acuerdo de paz, el sultán Saladino atacaba el campamento.

Al verlo aparecer, espada en mano y dispuesto a la batalla, los caballeros señalaron en el cielo la causa de su desasosiego: una luna triangular en creciente, rodeada por un halo que semejaba una cruz.

Ante tan extraña visión, el rey de los cruzados supo que no importaba cuántas treguas se pactaran, la ciudad de Jerusalén estaba condenada a una guerra eterna.


Imagen tomada de la red.