martes, 12 de marzo de 2013

A cada quien sus traumas o los dilemas existenciales de un escritor



El otro día durante el almuerzo, sin venir al caso, oí decir a mi hija: "Por ejemplo, yo nunca tuve el apoyo de un terapeuta". "Yo tampoco", respondí en automático. Mi hija se me quedó viendo mientras se acomodaba los anteojos, luego agregó: "¡Pero habrías de ver las cosas que escribes!". No tuve duda: no era mi chiquilla la que hablaba, sino la pasante de la licenciatura en Psicología.

Imagen de Ireri Alejandra O. S.: Autorretrato.

4 comentarios:

Diego Alejandro Majluff dijo...

Es muy cierto. El sentimiento se vuelca en la pluma y la escritura toma la forma de un desamor, de una crítica social o política, de la comida fría que nos dejó mamá cuando éramos niños. Y uno no lo ve, lo ve otro. De la misma manera me sucede cuando escribo un sueño, en el momento no lo interpreto demasiado, pero con el tiempo las imágenes oníricas hablan por sí solas.
¡Muy buen texto! Me he sentido identificado.
Saludos.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Es posible, Manolo, que seamos de las últimas -sino la última- generaciones de escritores (en su caso; juntaletras en el mío) que no hayan recibido apoyo terapéutico alguno.

Un abrazo,

josé manuel ortiz soto dijo...

Diego: de algo debe servirnos -a los autores- la escritura, sabemos que no es novedad. Además te da ese poder de hacer y deshacer el mundo que has creado. Los sueños, otro campo interesante. Hace muchos años me gustaba soñar -se supone que lo hacemos diario y varias veces durante la noche, pero no lo recordamos-, porque era una forma alterna de vivir, era vivir dos vidas.

Saludos.

josé manuel ortiz soto dijo...

Pedro: creo que desde los sesentas están de moda los terapetuas, y si somos realistas muchos deberíamos haber pasado por ellos. Por el vértigo que lleva el mundo, es éste el que necesitará de terapia (creo que es una imagen que alguna vez vi en Mafalda).

Saludos.