lunes, 11 de abril de 2011

El nombre del diablo


Si tuviera que poner un nombre al diablo, sería Guillermo, como aquel chiquillo tartamudo que nos quitaba el dinero a los niños de la cuadra. O Memo, el gordo de la secundaria, que ante la menor sonrisa o comentario sobre obesos, te surtía a patadas. Han pasado por mi vida otros Guillermos que mi subconsciente se empeña en olvidar, pero las cicatrices en mi cara traen a la memoria cada vez que estoy frente a un espejo.
Mientras me decido a entrar, vuelvo a leer la credencial que encontré junto a la puerta: G. Santos de la Peña, dice al lado de la fotografía de un tipo de rostro adusto y mirada penetrante, ceja poblada y puntiaguda, imponente... Sé que son muchos los nombres que comienzan con la letra G, también que predominan los Gabrieles, Guadalupes y… ¡los Guillermos! Me estremezco, los recuerdos de infancia y juventud están de vuelta; me sudan las manos; se me doblan las corvas...
De vuelta la calle me siento más tranquilo; vagaré por ahí un par de horas… pero al rato que regrese del trabajo a la misma hora de siempre, le preguntaré a mi esposa cómo se llama el hijo de puta que tiene por amante.

Imagen toda de la red.

12 comentarios:

Elisa dijo...

Qué buen micro. A los numerosos nombres del diablo quedará para siempre unido el nombre de esos miserables matones. ¡Espero que el amante no se llamara Gabriel ;)!

Mónica Ortelli dijo...

Muy bueno, José Manuel. Uno se imagina una derivación esotérica y en realidad, el giro va hacia algo concreto como es la infidelidad. Muy buen final.
Un detalle y duda: en la segunda línea repite 'que nos', ¿es adrede por lo del chiquillo tartamudo?
Un abrazo.

Patricia dijo...

Este micro nos hace creer que el hecho de que el amante se llame, pudiera llamarse, Guillermo, es el verdadero problema, y no la infidelidad: he aquí la magia.

Gran trabajo, José Manuel.

Pablo Gonz dijo...

Uy, me lo pierdo porque no sé qué significa "gafete". Pido sinónimo, plis.
Abrazos,
PABLO GONZ

Esteban Dublín dijo...

Llámese como se llame, tendrá el nombre del diablo.

Gabriel Bevilaqua dijo...

Excelente micro, muy buena la voz narrativa.

Saludos.

PD. Para Elisa: te pillé la picardía, jeje.

josé manuel ortiz soto dijo...

Elisa, el diablo siempre se aparece en sus múltiples formas; al menos así anda por acá en últimas fechas.
Un abrazo.

Mónica, la idea surge de los comentarios de mi amigo Eric Hazan que cuando éramos estudiantes de medicina decía que el diablo debía llamarse Guillermo. Lo irónico es que teníamos un amigo con ese nombre y sí tenía cara de diablo. Y si a eso le agregamos que en mi pueblo la gente le decía en confianza aldiablo, Guillermo...
Ah, ya corregí el error. Un abrazo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Patricia, efectivamente, creo que a la voz narrativa el preocupan más sus traumas con el hombre que lo que suceda con su pareja... ¿será?
Un abrazo.

Pablo, por acá se utiliza el término gafete como sinónimo de credencial visible que portas en el pecho durante las horas de trabajo. Hice el cambio y lo dejé en credencia.
Un abrazo y veo que tu paso por España causa revuelo (¡todo me llega a la BlackBerry!); los envidio.

josé manuel ortiz soto dijo...

Esteban, eso que ni qué: aunque el diablo se vista de seda, en diablo se queda; un nombre no lo va a cambiar.
Un abrazo.

Gabriel, que bueno que te haya gustado.
También entendí el mensaje subliminal de Elisa.
Un abrazo.

El color del viento dijo...

He llegado por casualidad hasta tu blog y la verdad es que he disfrutado muchísimo leyéndote.
Te felicito por tu blog. Escribes muy bien y además dejas al lector que piense sobre lo que dicen tus líneas.

Saludos desde soplan aires de libertad.

josé manuel ortiz soto dijo...

Gracias, El color, espero que no sea la última vez. Es muy satisfactorio saber que lo que escribimos es leído.

Un abrazo.

Pablo Gonz dijo...

Vamos a hacer una lectura de micros en la librería "Tres rosas amarillas". Luego iremos a comer: brindaremos a tu salud.
Abrazos,
PG
Gracias por la explicación.