lunes, 9 de enero de 2012

Hilitos de sangre en la frente


Para mi padre Fabián Ortiz V, a 35 años.


Tu papá ha muerto, dijo la mujer cuando el chiquillo abrió la puerta. Un zumbido de voces pétreas rebulló en su cabeza y se encontró corriendo en una fría mañana sin principio ni fin. Los ojos llorosos y el vacío creciendo en su interior, buscaba con desesperación una imagen de su padre de dónde asirse. Pero todas tenían ya el rictus vago e inexpresivo de la muerte que acompañaría desde entonces sus recuerdos.


Imagen tomada de la red.

14 comentarios:

Yunuén Rodríguez dijo...

Lo más crudo es simplemente el primer enunciado. Demasiado directo para olvidarse.

Luisa Hurtado González dijo...

Yo, en cambio, creo que pasado el primer momento de conmoción y dolor, los recuerdos de los buenos momentos ganan.
De modo que, como no te doy la razón, veo que el niño (aunque esté huérfano) podrá recordar con su madre y con una sonrisa.
Un beso, Luisa.

josé manuel ortiz soto dijo...

Yunuén, me recuerda el comentario de una amiga que decía que la vida está hecha de recuerdos de color blancos y negros; que todo era una mezcla de ambos. Un abrazo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Luisa, como decía en el comentario anterior: la vida no puede ser ni toda blanca ni toda negra. Y sí, nuestro propio instinto de conservación nos lleva hacia el lado conveniente.
Un abrazo y gracias por comentar.

Adivín Serafín dijo...

Helada mirada de olvido, que se aleja de su figura sin avisarme, sin apenas sentirlo.

Blogsaludos

Lola Sanabria dijo...

La muerte imprime un sello en el que recuerda al fallecido. Real y desolador.

Abrazos varios.

Las Gemelas del Sur dijo...

Dudo si hubiera sido más conveniente no contemplara la muerte en el rostro de su padre y así guardara su último recuerdo vivo.

Besos a pares.

josé manuel ortiz soto dijo...

Adivín, el tiempo puede borrar una imagen o, por el contrario, darle nuevas formas. Y si a ello agregamos los sueños, todavía más,

Un abrazo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Lola: el concepto de muerte en el niño es extraña: no existe hasta que no muere alguien cercano, o cuando un niño fallece. Yo tendría seis o siete años cuando vi a un niño muerto: fue impresionante.
Un abrazo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Gemelas: muy cierto. Una costumbre mía es no ver muertos a mis conocidos; prefiero conservar de ellos el recuerdo vivo. La imagen de una persona muerta es muy fuerte y puede estar por encima de todo.

Un abrazo doble.

ROSIO dijo...

Los recuerdos...abrazo.

Miriam Chepsy dijo...

Fuerte y redondo, en el sentido de acabado, completo. Me imapactó. Ese recuerdo no se borra nunca, sin embargo, ya hablando de vivencias personales, uno también recuerda otros momentos, la visión de la muerte no mata los otros recuerdos. Saludos, hacia tiempo que no entraba a los blogs amigos.

josé manuel ortiz soto dijo...

Rosío, así es amiga.

Un abrazo.

josé manuel ortiz soto dijo...

Gracias, Miriam.
La vida siempre será una mezcla de recuerdos: buenos, malos, intrascendentes... lo importante aquí es como los combinamos.

Un abrazo. Un gusto verte por acá.