Los gatitos se veían entre sí, impacientes, hasta que el viejo gato cuentacuentos terminó de lamerse los bigotes.
—La historia de hoy trata de cómo el gato flautista de Hamelín acabó con la epidemia de ratas. Pongan atención, chiquillos, para que luego no los engañen con esa otra versión que cuentan por ahí.
Se siente caer envuelto en una luz amarillenta y temblorosa; es una piedra que el precipicio acepta sin reparos, el silencio mismo que no cabe en la extensión del grito. Ahora, para poder despertar, es imperioso que el vacío se desborde sobre el precipicio, que el grito, saciado de silencio, estalle.
Cuando vuelve en sí, recostado sobre el asfalto, reconoce que solo ha sido una vulgar lipotimia.