Insomnio de Edgar Allan Poe —Never-dormir, never-dormir, never-dormir... -grazna el cuervo.
jueves, 15 de mayo de 2014
Bancarrota*
"Prometer no empobrece", se jactan los políticos en mi país. ¡Estúpidos! Hace años que su credibilidad no tiene aval.
Esta mini participa en la Primavera de Microrrelatos Indignados en La colina naranja.
Minuto noventa
El día que ganamos el Mundial, la familia se reunió en casa del abuelo desde temprano. Las mujeres pactaron una tregua con el fútbol, con la condición de que los hombres nos encargáramos de la cocina; animosas disertaban sobre el marcador posible. El juego no fue nada espectacular, prevaleció la estrategia temerosa de ambos entrenadores. Sin embargo, a escasos segundos del silbatazo final, el Gacela se escapó por la banda izquierda, dribló a un defensa y mandó un pelotazo al corazón del área. Ahí estaba el Macho Sánchez, que con certero remate de tijera anotó el único gol. El día que ganamos el mundial, ¿cómo olvidarlo?: yo tenía tres años y caí en la pila del agua. El grito de todo mi país se oyó hasta el Cielo.
miércoles, 23 de abril de 2014
Sin luz
Hoy, Día del Libro, aprovecho para homenajear también a mi mamá, Alejandra. Tengo para ello dos motivos: hace un
par de días fue su cumpleaños 76 y las historias con que me dormía de niño echaron
a volar mi imaginación. Sé que ella habría preferido que fuera músico, pero mi
rebeldía no lo permitió. Por eso, tomando como pretexto una canción de José Alfredo
Jiménez, "Sin luz", le escribí esta historia que es parte de mi libro Cuatro caminos (BUAP, 2014). ¡Felicitaciones mamá!
Cuando los gigantes se marchan dejan
una ausencia tras de sí mayor
que el espacio que venían habitando.
Pedro
Peinado Galisteo
Mi
mamá dispersaba las nubes con las manos para que no le enfriaran las rodillas.
Iba tan tranquila por el mundo como quien nada debe y nada teme. Las noches en
que no había luz eléctrica en el pueblo, abría un agujero en el techo para que
se asomaran por ahí la luna y las estrellas. Le gustaba espantar el miedo con
su risa, y atraer el sueño con historias de otro tiempo, cuando el Cielo y la
Tierra eran reinos de gigantes. Mis hermanos y yo soñábamos con un día ser tan
grandes como ella.
El
día que mi papá murió, mi mamá recibió el cuerpo pequeño en brazos y lo
escondió en una estrella.
martes, 22 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Historia de un castillo en ruinas
Había en las ruinas de aquel
castillo medieval un aire tétrico y sombrío, también algo de esa falsa
irrealidad de los sueños que, inconscientemente, se han repetido muchas veces.
―Tras la
desaparición de su prometido en campaña, la princesa se recluyó en una
almena, donde murió de soledad ―contaba el guía.
La
familiaridad de aquella historia me llevó a dar un paso al frente y
contradecir al narrador.
―En
realidad, la historia sucedió de una manera muy diferente ―dije al grupo de
turistas―. Enamorado de una mujer de un tiempo futuro, el príncipe fue en su
búsqueda. Aunque fracasó en su empresa, le fue imposible regresar para
reconciliarse con su antigua prometida.
Como si
lo hubiera despojado de lo más valioso de su vida, el guía de turistas se me
quedó viendo, rencoroso.
―Te
estaba esperando, maldito ―gruñó, desenvainó su espada y me atravesó con
ella.
―¿Acaso
me condenas a morir por robarte un trozo de historia? ―chillé, la vida
derramada por el piso.
―¡Tarde o
temprano el canalla vuelve al sitio de donde salió! ¿Por qué tendrías que ser
tú la excepción?
Cumplida
su venganza, el falso guía de turistas, convertido ahora en dragón, se abrió
paso entre la multitud.
Nunca
imaginé que aquel gigante de fuego al que perdoné la vida, estuviera enamorado de mi fiel princesa.
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