A manera de bienvenida para la pequeña Ixchel
―Era una noche calurosa, embelesada por la luna dormí con la ventana abierta. Meses después naciste tú.
La niña sacó la cabeza de entre las manos de mamá que la peinaba, y la miró tiernamente.
―¿Entonces mi papá es la luna? ―balbució emocionada.
―Claro que no, mi amor. Ella era alcahueta. Debe ser el fauno que a veces merodea por el jardín ―acaricia los cuernecillos incipientes que estorban su peinado, el pelo hirsuto de su pequeña―. Pero basta de charla que llegarás tarde a la escuela.
Imagen: J. M. Ortiz Soto, La pequeña Camila Ixchel en su primer día.



