Era un manzano encorvado con las ramas hasta el suelo. Los niños podían bajar y subir en él cada que les daba la gana, sin riesgo de lastimarse. Los sentía colgarse, columpiarse. Así todos eran felices. A causa de un extraño designio, aquellos bárbaros eran su único fruto.
Insomnio de Edgar Allan Poe —Never-dormir, never-dormir, never-dormir... -grazna el cuervo.
miércoles, 12 de agosto de 2015
lunes, 3 de agosto de 2015
Túneles
Cuando informaron al gobernante de aquel país en medio de la nada que el enemigo público número uno había conseguido escapar de la cárcel de máxima seguridad a través de un túnel kilométrico, montó en cólera. Luego, algo más calmado, tuvo una gran idea: ¿y si él usaba el mismo medio para salir de los problemas en que se había metido? Comenzó a cavar y escondió la cabeza.
sábado, 27 de junio de 2015
Volador de Papantla
Un grito de horror escapa de
la boca de los asistentes al espectáculo cuando una cuerda se rompe y un
hombre se precipita al vacío. A escasos centímetros de estrellarse contra el
piso, el hombre deviene pájaro y remonta el vuelo; una salva de aplausos lo
acompaña.
miércoles, 3 de junio de 2015
Kafkiano
Esa
mañana, Gregorio Samsa despertó sobresaltado: emociones encontradas
ocupaban su mente. Era un hecho que Max Brod había faltado a su palabra, pero también
que gracias a su deslealtad, él —Gregorio Samsa—, su familia y tantos personajes más lograron
escapar del olvido al que habían sido condenados. «Lo siento, Franz, de verdad lo
siento», chirrió con sinceridad, y continuó con su difícil papel de convertirse en insecto cada vez que alguien abriera el libro.
martes, 2 de junio de 2015
Diluvio interior III
Los
dientes se cerraron firmes sobre el dorso de su mano, hasta hacerla sangrar. El
bochorno en los genitales presagiaba la erección. Dispuesto a continuar con su obra,
agitó con la punta del dedo la mezcla de sangre, orina y mierda que, a falta de
tinta o grafito, usaba para escribir. “La puta levantó la mirada al cielo, pero
la lluvia no se detuvo…”, comenzó. A cada palabra transcrita, se abatía sobre
la celda un aguacero de bocas, animales, senos, penes, gritos, anos, vaginas,
semen, golpes… En éxtasis total, el marqués seguía escribiendo.
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